La complejidad humana sin maquillajes: el aspecto olvidado del proceso de sanación
En el mundo del bienestar y la salud mental, solemos escuchar frases como “sé tu mejor versión”, “mantén la vibra alta”, “todo se puede si lo deseas”. Aunque suenan inspiradoras, muchas veces estas ideas terminan generando más presión que alivio. Lo que casi nunca se dice —y que sí necesitamos escuchar— es que sanar implica reconocer nuestra complejidad humana… sin filtros, sin maquillajes, sin discursos perfectos.
Sanar no es convertirse en alguien impecable, sino permitirnos ver lo que realmente somos: un entramado de luces, sombras, contradicciones, heridas, deseos, miedos y capacidad infinita de transformación.
1. La presión de ser “coherente” todo el tiempo
Una de las trampas más comunes en el desarrollo personal es creer que debemos ser totalmente coherentes, congruentes y emocionalmente estables en cada área de nuestra vida. Pero la verdad es que la psicología moderna muestra que todos somos sistemas en permanente negociación interna.
- Podemos amar a alguien y sentir frustración al mismo tiempo.
- Podemos querer cambiar y temer ese mismo cambio.
- Podemos saber qué hacer, pero no sentirnos capaces de hacerlo.
Esta complejidad no es un error: es parte de lo humano. De hecho, reconocernos así es el inicio de un proceso terapéutico realista y sostenible.
2. Idealizar el crecimiento puede convertirse en violencia interna
Muchos discursos de bienestar proponen una idea de crecimiento basada en la perfección: no en el proceso. Así, cada emoción difícil —tristeza, rabia, cansancio, duda— se vive como un retroceso, cuando en realidad son puertas de entrada a la comprensión profunda de uno mismo.
Negar la complejidad o forzar una “versión ideal” genera:
- Autoexigencia extrema.
- Vergüenza por lo que sentimos.
- Bloqueos emocionales.
- Dificultad para pedir ayuda.
La investigación en psicología humanista y somática confirma que la integración, no la perfección, es lo que genera cambios duraderos.
3. Lo que no se nombra, no se transforma
Una conversación honesta sobre la complejidad humana es incómoda, pero necesaria. Sanar implica mirar de frente lo que aparece:
- contradicciones,
- ambivalencias,
- emociones mixtas,
- partes internas que parecen opuestas.
No se trata de “arreglar” estas partes, sino de integrarlas. La terapia contemporánea —desde el enfoque sistémico hasta la terapia basada en partes— nos recuerda que lo más humano en nosotros es nuestra diversidad interna.
Cuando dejamos de maquillarnos emocionalmente, comenzamos a comprender que no estamos rotos: simplemente somos profundos.
4. Acompañarse desde lo real, no desde lo ideal
Un proceso terapéutico honesto no busca eliminar lo incómodo, sino abrir espacio para comprenderlo. El trabajo profundo sucede cuando alguien te acompaña a mirar:
- aquello que te avergüenza,
- lo que temes que otros descubran,
- tus pensamientos contradictorios,
- tus emociones “poco espirituales”,
- tus impulsos que no encajan en tu narrativa ideal.
Allí es donde cambia la vida. No desde la exigencia de brillo, sino desde la autenticidad cruda.
5. La complejidad humana como camino de libertad
Aceptar que somos complejos no nos limita: nos libera. Permite que dejemos de exigirnos y comencemos a conocernos. Nos ayuda a soltar la idea de que debemos aparentar o encajar en una imagen de bienestar perfecta.
Cuando te permites ser quien eres —con todo lo que eres—, sucede algo profundamente humano: se abre un espacio interno para la ternura, la compasión y la transformación real.
En Holística trabajamos desde esta mirada
En Holística acompañamos procesos desde un enfoque que honra la complejidad humana. No buscamos moldearte en una versión ideal, sino ayudarte a integrar tus partes, soltar las idealizaciones y construir una vida más auténtica y habitable.
Creemos en las conversaciones necesarias, las que no se maquillan, las que liberan.
Si estás en ese momento de tu camino, estamos aquí para acompañarte.